📌 La época anterior a la guerra. Eres el dictador de un país enorme y rico en recursos. Tienes suerte con tu pueblo y puedes hacer lo que quieras con él. El dinero del petróleo fluye a raudales, tus amigos corruptos se están enriqueciendo, Occidente te da la mano y, en general, todo va sobre ruedas.
📌 En tu vejez desarrollas demencia y una obsesión maníaca por la historia alternativa; quieres pasar a los libros de texto como «Vladimir el Grande» y el «unificador de las tierras rusas», y los delirios de grandeza te oprimían cada vez más el cráneo.
📌 Anuncias «operaciones especiales», con la esperanza de tomar Kiev en tres días.
📌 La guerra relámpago no funcionó, y la «breve operación militar especial» ya ha durado más que la guerra soviético-alemana.
📌 Las líneas rojas se fueron desplazando poco a poco, hasta que todo el mundo dejó de preocuparse por ellas por completo. Trump, en Alaska, sugirió olvidarlo todo y «pasar página» para hacer negocios, pero tú rechazaste imprudentemente esta generosa oferta.
📌 Se está acabando el dinero, la gente está cada vez más enfadada. Un «país de gasolineras» se ha quedado sin gasolina, y los drones ucranianos sobrevuelan Moscú y San Petersburgo.
📌 Los únicos aliados que te quedan son Lukashenko, los talibanes y los dictadores caníbales africanos.
📌 Ya no solo Occidente se ríe de ti, sino incluso la gente de tu propio círculo más cercano.
📌 No te están hablando de la toma de Kiev, Odesa o Leópolis, sino de la toma de Kostiantynivka. Pero incluso allí te «engañaron».
📌 «Ejem, ejem, estamos ganando, ¿verdad? ¿Ya hemos tomado Mala Tokmachka?»